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Los Especiales de Chicago

María Rosa Fugazot, como Mami Morton

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Nacida en una familia de artistas, transitó con la misma solvencia el humor y el drama, el cabaret, la televisión y el teatro. Hoy arranca aplausos a telón abierto con su participación en el musical Chicago.

Clarin.com 6/2/01

Tocá madera" dice María Rosa Fugazot, en tiempos de desocupación, cuando se le enumeran algunos títulos de sus últimos trabajos en teatro: Paula.doc, El conventillo de la Paloma, Venecia, Evita, El pobre hombre, Se vino el 2000 y, ahora, Chicago. La espléndida versión local del musical de Bob Fosse le sirve en estos días para refrendar si hiciera falta sus condiciones de intérprete completa, capaz de cantar, bailar y llevar a su Mama Morton la guardiacárcel de la historia a la categoría de personaje antológico.

Esta mujer que domina el escenario por vocación y por mandato genético (su padre, Roberto Fugazot, integró el legendario trío Irusta-Fugazot-Demare; su madre, María Esther Gamas, fue la primera vedette cómica de la revista porteña) está pasando por un momento profesional envidiable sin ninguno de los tics propios de las estrellas en sus momentos envidiables. "No quiero ser estrella; es un doble trabajo; estás obligada a hacer muchas cosas en aras de ese doble personaje que tenés que llevar puesto no sólo en escena sino en todo momento. En la calle prefiero ser Doña Rosa," dice María Rosa. Aunque ahora está en el sillón del living de su pobladísimo departamento, donde convive con dos perritas yorkshire, adornos, recuerdos, percheros, la pantalla de la tele informando en directo sobre la inundación en el barrio de Belgrano, portarretratos con fotos familiares en múltiples repisas, y en las paredes, originales de Raúl Soldi, Antonio Berni y siguen las firmas. "¿Ves ese óleo con un paisaje campestre? Fijate de quién es.", desafía. Al pie, con prolija caligrafía y con dedicatoria a la dueña de casa se lee el nombre de su autor: Enrique Muiño.

- ¿El actor?
- Lo pintó cuando yo estaba en la panza de mamá y me lo regaló cuando nací.

El estilo antidiva le alcanza hasta para decir cuándo nació sin que se le pregunte: "Tengo 58 cumplidos y, la verdad, siempre pensé que a esta altura de mi vida iba a poder descansar. ¡Un cuerno! Tengo que trabajar el doble, sudar la gota gorda y pensar qué va a pasar mañana. Pero hoy, por suerte, tengo trabajo".

Le imprime velocidad a las respuestas, al punto que a veces preceden a las preguntas. Pero lo suyo no es el casete preparado a la medida de los requerimientos de la prensa, tan común en los famosos. Habla de todo sin evasivas ni frases convencionales. Se ríe o se enoja según el tema sobre el que desparrame, con la energía de un vendaval, palabras transparentes, gráficas, coloquiales: "Hoy, en el banco, me la agarré con las computadoras. Desde que tenemos esa mierda hay cada vez más desempleo, la gente se caga de hambre, el aparato se equivoca y te factura dos veces lo mismo y cuando vas a reclamar te dicen que se cayó el sistema".

Aun cuando describe una adversidad, el estilo Fugazot juega permanentemente con el humor y parece no conocer el resentimiento. "Yo no peleo por protagónicos ni por cartel. Me gusta lo que hago y agradezco poder vivir de mi trabajo."

Y lo cierto es que, aunque le sobran premios y nominaciones como actriz cómica o dramática, en muchos casos corresponden a papeles de reparto. Esos en los que no es fácil destacarse, ya que la atención del espectador casi siempre es atraída con más fuerza por el protagónico. Pero sólo un gran intérprete es capaz de hacer crecer y brillar un rol secundario. "Yo laburo; no me gusta pelear mi lugar. Y cuando me nominan por algún trabajo pregunto: ¿Quién se mamó en el jurado? ¿O no tenían a quién poner?

- ¿De veras no se tiene confianza? Porque habla como una persona muy segura.
- Lo que no tengo es la vanidad de las grandes. Algunos me dicen: Vos sos una figura. ¡Qué voy a ser!; soy una laburante que llevo cuarenta años en esto.

- Empezó a los 18. ¿Sus padres le dieron las primeras herramientas?
- Empecé a los 15, debuté en revista a los 16 y en seguida aprendí a defenderme.

- ¿Defenderse de qué?
- Y..., yo me había criado entre bambalinas, la gente de la revista era como mi familia. Pero cuando todavía era muy piba, tendría 15 o 16, un día viene el Pato Carret y me dice: Nena, no te olvides que ya tenés un lomo bárbaro y no amerita que andés haciéndote la cariñosa con todos. Yo, no es que fuera mojigata, pero era un poco infantil. Con decirte que cuando perdí la virginidad ya hacía cuatro años que hacía revista y el muchacho no me quería creer que yo era virgen. Hasta el día de hoy sigue llorando por eso. Es un divino; estuvimos de novios para casarnos pero después se frustró.

- ¿Hubo muchas frustraciones amorosas?
- Me casé con César (Bertrand), el padre de mi hijo. Quince años estuvimos juntos. Soy de tiro largo, no de relaciones de un mes, de un año. Tuve tres relaciones importantes en mi vida, que nunca conté. Y no me preguntes porque de esos temas no hablo; son cosas privadas.

- Volvamos, entonces, a sus primeras herramientas profesionales. ¿Quiénes le enseñaron lo que sabe?
- Yo había aprendido danzas clásicas, españolas y folclore desde los 8 años. Y mi profesor de baile moderno fue Eber Lobato. Un día le dije: Maestro, esto no me sale. ¡Para qué!. Me tuvo todo el día practicando. Terminé deshecha y Eber me dijo: Nunca digas esto no me sale. Si otros lo hacen vos también tenés que poder. Era muy exigente. Eber inventó a Nélida Lobato, que ni base de clásico tenía.

- ¿Y cómo aprendió a actuar?
- En mi época no había tanto estudio, pero yo le debo a mucha gente lo que sé. El que fue importantísimo fue Esteban Serrador. Me llevaba a museos, me enseñaba cómo camina, cómo se para una persona del 1800, otra del 1900. Además, aprendí que hay dos formas de trabajar: o con mucha técnica pero exterior, o con todo. Yo soy de las de antes, yo pongo todo.

No exagera; su rol de Mama Morton en Chicago es la evidencia. Pero en ese "todo que dice poner, están sus dotes naturales para la comicidad y sus notables trabajos dramáticos. En televisión pasó por shows y ciclos cómicos (La peluquería de don Mateo, Polémica en el bar), telenovelas (Apasionada), sainetes y comedias (Sainetes de hoy y de siempre, Teatro de los domingos). De la misma ductilidad da prueba su participación teatral en comedias (La pulga en la oreja, de Feydeau), sainetes (Tu cuna fue un conventillo, de Vaccarezza) o dramas (El jardín de los cerezos, de Chéjov, No hay que llorar, de Cossa). "Cuando estrené No hay que llorar mi mamá se levantó y se fue. No pudo aguantar la emoción. Qué promoción me hacés, me acuerdo que le dije. Pero a mi vieja le gusta la comedia, la revista. Era muy buena haciendo drama pero no le gustaba hacerlo. Ni mirarlo."

- De ella hereda el humor. ¿Y de su padre?
- Una persona fundamental, mi viejo, por su sentido de la dignidad. Y eso que lo aprendió en la calle. Un autodidacta, leía muchísimo y podía hablar de cualquier cosa. Siempre me decía: "Nunca hable al pedo, m''hija. Cuando no sabe vaya al burro", así le decía al diccionario...

- ¿No la tuteaba?
- Me trataba de usted cuando se ponía didáctico. Pero seguí su consejo. Vivo consultando el diccionario. Así fue como lo encontré en el Larousse. ¿Qué hace mi viejo acá?, dije. Y sí, está en Tango-Canción, como introductor del género en Europa junto con Lomuto y Gardel. Pero con él me peleaba todo el tiempo.

- ¿Por qué?
- Su carácter. El era geminiano y yo soy Sagitario. Para él seguía siendo una nena cuando ya estaba bastante crecidita. Con él, había cosas de las que no podía hablar. "Este no es diálogo para un padre y una hija", me decía.

- ¿De qué temas no podían hablar?
- Y... de política, por ejemplo. Pero qué, ¿soy una tarada, yo?, le contestaba.

- Ahora puede hablar.
- No me gusta mezclar la política con el trabajo. Yo soy radical pero, ¡ojo que estoy encabronada con De la Rúa! Sigue haciendo lo mismo que los anteriores, cagándose en la gente y quedando bien con el exterior. ¿Por qué no decimos la verdad?: que somos colonia. No nos ponen la bandera de ellos porque nos tendrían que mantener. El otro día lo dije en el teatro y me decían: No te tirés en contra del espectáculo. No tiene nada que ver. Me encanta que demostremos que podemos hacer de todo. Ayer vinieron los productores americanos y estaban encantados, les extrañaba que no siendo nuestra tradición pudiéramos manejar el sabor del jazz, Y sí, nosotros podemos, y ellos no podrían hacer una zamba en su puta vida. Ellos son bárbaros en lo suyo. Lo nuestro es la pluralidad.

Mama Morton, o la autoridad de una gran actriz

La precisión con que sincroniza sus entradas, movimientos y salidas de escena, sumado al exacto color de la voz, la afinación y el ritmo vocal y gestual alcanzan para hacer de su papel en Chicago un trabajo inobjetable. Pero a los pocos minutos de su primera aparición, la Mama Morton de María Rosa Fugazot ya definió para sus espectadores una gama de claroscuros psicológicos que dan a su criatura un espesor humano infrecuente en el género.

Mezcla andrógina de milico lascivo, capomafia legalizado y maternal distribuidora de premios y castigos entre las internas del penal, su personaje dice a través de la composición actoral mucho más de lo que comunican las letras. Y como corresponde, el aplauso a telón abierto se cuela casi todas las noches al final de las escenas en las que despliega una seducción actoral singularísima.

Ella misma reconoce, en este diálogo con Clarín: "El día del estreno fue muy fuerte porque cuando terminé la canción empezó el aplauso que no paraba y no paraba... Te juro, me agarró una cosa que me costó seguir."

Era la conclusión para un trabajo exigente, según los códigos del musical inglés y estadounidense. "Cuando empezamos a ensayar reconoce ahora yo me sentí incómoda. ¡Ufa, qué esquemático!, pensaba. Todo era: No te muevas de acá, ese pasito más corto, esa mano levantala un centímetro más. No pierdas el ritmo en el diálogo, todo tiene que sincronizar con la música. Yo le decía: pará, que me siento presa. Y Sandra (Guida), que trabajó con los americanos en El beso de la mujer araña, me decía: Tené paciencia que ellos saben lo que hacen. Eso fue los primeros 13 días de ensayo, al cabo de los cuales ya teníamos parada la obra. Después, cuando vino el director general, (Walter) Bobbie y vio la obra completa, ahí entró a pulir. ¡Una exigencia milimétrica! Pero entonces fue cuando me dijo que me podía soltar, porque técnicamente ya lo hacía perfecto. Ellos, cuando ven que tienen material, lo saben aprovechar."

Pero Fugazot no dejó esa posibilidad librada a la buena suerte. Cuenta que desde el principio habló claro: "Yo no quiero hacer la Mama Morton número 723, exactamente igual a todas las anteriores. Yo quiero hacer mi Mama Morton." Quienes vieron el original y pueden comparar, sin duda coincidirán en que Fugazot hizo lo que quiso.

Estos son los principales protagonistas de Chicago Broadway, quienes fueron los intérpretes del Cd ganador del Premio Grammy al mejor album de un musical en 1996.
Ann Reinking como Roxie Hart
Bebe Newirth como Velma Kelly
James Naughton como Billy Flynn

Ann Reinking

nBebe Newirth

James Naughton

Salo Pasik, como Amos

clarin.com

"Todo va y vuelve"

Clarin.com

Actor versátil, en Chicago compone a un marido ingenuo, pero vengativo. Después de treinta años de carrera, cree que lo mejor es lo imprevisto.
MABEL ITZCOVICH

- ¿Ya habías hecho papeles como el que tenés en Chicago?
- Lo único que había hecho parecido a una comedia musical fue un music-hall con Cecilia Rossetto en el año 76 y La vuelta manzana, de Hugo Midón en el 78.

- ¿Y cantabas, bailabas?
- Hacía como ahora, una coreografía particular que no tiene que ver con la danza, pero que se integra con el movimiento.

- ¿Cómo fuiste elegido?
- Me llamaron para que me presentara a un casting, así que fui, recogí la partitura y aunque me di cuenta que no era una canción con demasiada exigencia vocal, me presenté tan muerto de miedo que hasta pensé en no hacerlo. Pero saqué fuerzas y entré muy pancho hablando en inglés hasta con los argentinos.

- ¿Cómo te sentís ahora?
- Muy gratificado. Y es el placer y la sorpresa de hacer una cosa diferente.

- Es una obra muy cuidada.
- Hay quienes sostienen que esta versión es mejor que la de Broadway, aunque es una producción donde todo, desde la publicidad hasta la gráfica, viene ya elaborada. Sólo cambian las fotos de las dos protagonistas.

- Trabajaron en un tiempo récord.
- Aquí se trabajó como me gusta a mí, con rigor. Ensayamos de lunes a sábado nueve horas por día, con una hora para almorzar. Y en trece días se puso la obra. Después, en un mes se fue puliendo.

- ¿Continúan con el espectáculo o termina en las diez semanas que se anunciaron?
- Creo que tenemos para un rato largo, el público es entusiasta. Y esto tiene que ver con la música y con el movimiento en escena, porque no hay nada que distraiga: ni gran vestuario, ni gran escenografía.

- ¿Cómo vive un actor los buenos momentos y los otros?
- Creo que uno con los años aprende. Hay éxitos y fracasos que se miden de otra manera. Recuerdo cuando trabajé con la dirección de Leonor Manso en Noche de parias, de Carlos Pais, en el 94, que abordaba el tema de la debacle de la clase media. Era una obra muy dura que no tuvo repercusión y, sin embargo marcó cosas en mi crecimiento.

- ¿Cómo definirías este momento en tu carrera?
- Se están poniendo de acuerdo ese que yo quería ser con ese que soy.

- ¿Y cómo es cuando para el actor se abre un paréntesis?
- Te angustia, porque no entra plata y hay que comer, porque no sos reconocido o no te llaman. Pero todo va y vuelve.

- ¿Y qué hacés cuando hay que esperar?
- Sigo trabajando con el grupo Teatro Fantástico, junto con mi mujer, la coreógrafa Silvia Vladimivsky.

- ¿Cómo dividen las tareas?
- Ella es una máquina de imágenes, de movimientos y yo aporto el orden, la perspectiva del teatro. Y nos va bien en esta división de roles que nos fue enriqueciendo mutuamente.

- ¿Qué obras hicieron últimamente?
- Una adaptación del cuento Ema Zunz, de Borges, que posiblemente se reponga en el Cervantes.

- Un actor y una coreógrafa es la combinación justa para hacer una comedia musical.
- Siempre hay proyectos, pero no los digo por cábala. Lo curioso es que en Chicago hay mucho de lo que estamos haciendo con Silvia en el teatro-danza: en la coreografía, en los gestos donde todo tiene un sentido, y con lo que se está contando. Y aunque haya diferencias, porque son temas distintos, se trabaja de la misma manera.

- ¿A qué se debe el actual éxito de la comedia musical?
- Creo que el público está pidiendo otras cosas. Y que existe una gran influencia de la TV por cable, donde se ven muchos espectáculos musicales. Y eso es bueno porque abre otro campo laboral. Tenemos grandes músicos y grandes coreógrafos que podrían manifestarse con temáticas locales.

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Daniela Fernández

En su Rol de Hunyak

lanaciononline.com

"Siempre fui trabajadora"

Hace teatro, radio y TV. Baila en Chicago, conduce Unimatic por Mitre y también está al frente de Políticamente Incorrecto, el programa de América.

JESSICA FAINSOD
Clarin.com 18/8/01

Daniela Fernández recibe a la prensa sin maquillaje y dice su edad sin problemas: tiene 33 años. Desde hace diez vive en el barrio de San Cristóbal, en un departamento de dos ambientes amplios con un balcón terraza, junto con su marido productor de tevé: Gabriel Fierro, y tres gatos siameses: Miguel, Medium y Catalina. Entre los cientos de objetos que adornan su casa, prevalecen los gatitos de madera en todos los tamaños, y de cuanto material sea posible. También es fanática de Los Rolling Stones. La delatan un cuadro con un retrato de Keith Richard y calcomanías alegóricas. Con una mano invita un mate, mientras con la otra sostiene el teléfono para decirle a una amiga: "Estoy en el medio de la vorágine. Sí, entendiste bien labor-ágine". Y es cierto. Desde mediados de enero baila en la comedia musical Chicago, el 9 de agosto comenzó en radio Mitre en Unimatic y desde el 11 de agosto conduce con Reynaldo Sietecase la nueva producción televisiva de Jorge Lanata, Políticamente incorrecto, que va por América

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Daniela Fernández es, de su generación, la conductora que más ha crecido en la televisión. El medio le dio su primer espacio como bailarina, su principal profesión, en Grandes valores del tango y Las gatitas y ratones de Porcel. Luego participó en Fax junto a Nicolás Repetto, y con ese programa se disparó su carrera como conductora. Más tarde llegaría su primer trabajo como co-conductora, en 3.60 Todo para ver y como notera y coreógrafa en Colores.

Fue premiada con un Martín Fierro a la Revelación 1995, por su labor en Nico. Además trabajó en Decime cuál?, Patas para arriba, Locos por el fútbol, y Los especiales de Azul Televisión, como conductora. Actualmente conduce Políticamente Incorrecto, junto a Reynaldo Sietecase, programa de actualidad que se emite por América.

En teatro forma parte del staff del musical de Broadway Chicago, un terreno en el que se mueve con soltura, después de años de trayectoria. Su primer experiencia a los 18 años fue en la comedia musical Los Borgia con Pepe Cibrián Campoy, luego siguió con Aquí no podemos hacerlo, Vivitos y Coleando, y Calle 42, donde protagonizó el personaje Peggy Sawey. Continuó con éxitos como Broadway, El diluvio que viene, Cyrano, Reina en colores, y Shakespiriando, donde tuvo un rol protagónico. En el mismo género también desarrolló actividades como coreógrafa y asistente de dirección en Androcles y el León, Todo por que rías y Cenicienta, la historia continúa.




























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Entrevista a Sandra Guida (Velma)

FUENTE: clarin.com

"Nunca hice nada under"

Su papel en el musical de Bob Fosse la reveló para el gran público. Es candidata al Konex, en dos semanas se va por un año a México y quiere grabar un disco

Yo me equivoqué de país", mascullaba entre sollozos Sandra Guida antes de entrar a la adolescencia. Veía en un viejo TV blanco y negro, en la tarde de Canal 11, clásicos como Cantando bajo la lluvia y Un americano en París y se desconsolaba más y más. Las lágrimas saladas no le nublaban el horizonte. La niña quería ser bailarina, actuar y cantar.

No se equivocó.

Con el tiempo sería la primera argentina en protagonizar un musical en los Estados Unidos, reemplazando a Chita Rivera, símbolo del género en Norteamérica, en El beso de la Mujer Araña, cuando la obra salió de gira por nueve meses y más de ochenta ciudades. Hoy, su talento es reconocido y es candidata a un premio Konex como mejor actriz de musical de la década. Estudiar danza en el Colón y matarse diariamente ensayando tuvo su respuesta.

Ya no está en Villa Luro, donde se crió, ni escucha discos de Rita Pavone.

Y ya pasó la época en que llegó a cantar en japonés, y en Japón.

Sandra es bien distinta de Velma, la delincuente de Chicago, el musical de Bob Fosse que baja mañana en el Opera. Se parecen en la carga eléctrica que transmiten ambas, pero sus palabras no dejan entrever egoísmos, sino que parecen sinceras mientras acaricia a uno de sus gatos en su departamento de Tacuarí al 600, en San Telmo. Un piano está en el cuarto que da a la calle. Los pisos de madera crujen cuando las patitas de los felinos deambulan por donde Sandra suele ensayar las canciones con las que quiere grabar un cd.

Si se le pregunta de dónde le viene su afición al jazz, dirá que su mamá (desde hace once años en Milán) la adormecía en el moisés acercándole esa buena música.

- ¿Y cómo fue que empezaste a bailar?
- Estudié danza clásica por consejo del pediatra, para mejorar mi columna. Estuve cuatro años en el Teatro Colón, en la misma promoción que Eleonora Cassano.

Pero pronto advirtió que la danza clásica no era lo suyo, no por los sacrificios, si no, entre otras cosas, por... sus pechos. "Más que un cisne, era una pechugona", ríe. El paso siguiente fue cantar en bandas de rock''n''roll, componer y estudiar teatro.

Su curriculum se amplió. Pasó por los escenarios donde se montaron Hair, El diluvio que viene, Broadway 1, Sorpresas, El beso de la Mujer Araña, Puck y Arlequino, y para chicos hizo Sietevidas. Y deberá agregar la experiencia mexicana: es de las pocas que en dos semanas vuela a la capital mexicana por la puesta de Chicago. El viaje la agarra a medio remodelar el departamento, que comenzó a arreglar "hace siete u ocho años. Estaba esperando terminar Chicago para pintar, pero el que alquile en México lo voy a tener... (abre los brazos). Es que voy a recibir huéspedes, van a venir amigos y la familia a visitarme.

- ¿Tu mamá te vio en Chicago?
- No, pero probablemente vaya para México, será su regalo de fin de año, o Navidad.

Estos últimos días está preparando un demo, seleccionando material para llevar canciones a México "para ver si las puedo grabar allá. Hay temas de Roxana Amed, autora del tema de Vulnerables".

- ¿Qué música te gusta interpretar?
- Es un soul y rythm and blues, en cuanto a baladas y medios tiempo, pero en cuanto a lo up es dance salsero.

Hace un año que Sandra no cocina, por lo que las milanesitas que convida son producto de una rotisería del barrio. No será el único plato que extrañe. A México no se llevará ni siquiera un mate porque su marido, Julio Panno, no toma, y prefiere perderse los amargos a cebar sola.

- ¿Tuviste alguna propuesta de trabajo que te hiciera sopesar el viaje a México?
- No, ninguna propuesta. Ni de teatro ni de televisión.

- ¿Cómo te cayó que nadie te llamara?
- No me cayó mal. Me parece que estamos pasando por una grave crisis, los trabajos no abundan y la gente va a lo seguro. Si me hubiera quedado, estaría propuesta para hacer Cabaret, seguramente.

- ¿A qué aspirás?
- En principio, lo primero que deseo es que Chicago sea un éxito. En segunda instancia, grabar el disco y desarrollar mi carrera, y después, poder hacer cine, ejercer un poco más mi actriz. Creo que es una de las razones por las que no me llaman. Pero no podría dejar de cantar ni de bailar. Es parte de mi naturaleza.

- ¿Qué te gustaría hacer en cine?
- No sé. En teatro, una mala interesante, una Bette Davis, también en cine, por qué no. O una Norma Desmond. Mirá, ahora van a hacer la película de Chicago, y yo me la pierdo, si hubiera sido americana... Mejor poné que es un chiste. El musical que quisiera hacer es Sweet Charity.

- Siempre con Bob Fosse.
- Mis proyectos son del estilo de El descueve. Hermosura, me voló la cabeza. Quisiera abordar todas las disciplinas, en un grupo de trabajo en una propuesta no convencional. Nunca hice nada under.

Lo que se dice under no, pero sí editó su disco "de rock alternativo, que no pude salir a defenderlo porque me salió la gira a EE.UU. Se llamaba Sandra Guida y la fila. Pero roté la dirección de mi brújula en lo musical". Lo que cuesta la sinceridad. "Ni te quiero nombrar lo que hice en el 86, con un grupo de chicas. La música, de Cacho Valdés, no era mala, pero estaba un poco adelantada a lo que se escuchaba entonces, no éramos ni Las primas ni En vogue. Era un dance brasileño muy copado." Por suerte, ese disco ya no se consigue.

Sandra anda por los 38, y la maternidad es algo que debe estar dándole vueltas."Estoy tan centrada en mi carrera... Si llego a tener un hijo mi condición es poder dedicarle muchísimo tiempo y espacio, en persona, no delegable, por disfrute y no sólo por responsabilidad."

En Chicago, Roxie le roba los zapatos a Velma. Está claro que en Buenos Aires, Sandra, por más que vuele por el escenario, tiene los pies bien sobre la tierra.

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Entrevista a Alejandra Radano (Roxie)

FUENTE: clarin.com

"Me gusta ser bataclana"

Coprotagonista del musical Chicago, empieza a conocer la fama de la mano de la televisión. Es la amante el personaje de Alfredo Casero, en Culpables

Debajo de ese pelo naranja rojizo capaz de destacarla entre una multitud, se ufana de su respuesta cortita y al pie. Pregunta: Si tuvieras que llenar un formulario, ¿qué ocupación pondrías? Respuesta: "Bataclana". Alejandra Radano sabe que pegó un tiro con efecto, actitud que la pinta de cuerpo entero. Dice cuando habla, sorprende cuando calla, evita los lugares comunes y se regodea en la diferencia: "No soy de las que sueñan con la maternidad... Creo que no quiero tener hijos".

Con 32 años, a la muchacha que fantasea con recorrer el mundo cantando ópera se le destapó la olla de la popularidad. Después de un camino que arrancó en 1990, con paradas en más de 10 comedias musicales (como Drácula, Cats, La Bella y la Bestia), cinco trabajos en cine y unas cuantas participaciones en televisión, su coprotagónico en Chicago (en el Sky Opera, junto a Sandra Guida) y su apasionado personaje de Culpables (martes a las 23, por Canal 13) la convirtieron en una cara conocida. "Ella es la amante de Casero, ¿no?", pregunta un señor que la descubrió en el unitario enredándose con el actor sobre una mesada de ficción.

Lo estoy empezando a asumir: antes fui la novia de Diego Peretti (en Campeones), ahora soy la amante de Alfredo... La TV tiene esa cosa increíble que de golpe te instala en la calle, hayas hecho o no algo antes. A mí lo anterior, obviamente, no me lo quita nadie. En esta carrera yo he podido cumplir el sueño de trabajar (en el musical Hotel Oasis) con Hugo Midón y Roberto Catarineu, por ejemplo.

- ¿Ese era "el" sueño?
- Sí, yo sueño así. También daba cualquier cosa por trabajar con Peretti, que para mí es un actorazo. Cuando supe que iba a ser su pareja sentí algo fantástico.

- ¿Se lo confesaste?
- No, ni loca. Conectamos a fondo desde el laburo, no dio para la charla afectiva y la caricita verbal.

Entre su galería de deseos cumplidos, figura el de haber podido subir a un escenario: "Como mi mamá era maestra, una vez fui a un acto de su colegio y vi a un nenito actuar... Ahí supe lo que yo quería hacer, sin dudas". Con el tiempo, al tema le entró a través del piano y del canto: empezó a perfeccionar su voz cuando se convirtió en niña bonita, con 15 años en el haber. Terminado el colegio secundario, tramitó la nacionalidad italiana y mezcló en una valija ropa de abrigo y un par de ilusiones para especializarse en ópera fuera del país. Pero probó suerte en Drácula y la suerte estuvo de su lado.

- ¿De verdad te definís como bataclana?
- Claro. Me gusta ser bataclana, porque la bataclana no canta ni baila, ni actúa, pero hace las tres cosas. Esa definición se la oí una vez a María Esther Gamas, la madre de María Rosa Fugazot, y me la quedé para siempre. Me da orgullo ser lo que soy.

- ¿Te robaste alguna otra frase?
- Sí, siempre recurro a una de un maestro que tuve, que decía que la voz es como el vino: cuanto más añeja, mejor.

- ¿La voz es tu mejor herramienta?
- Es una. Yo soy actriz, también, y eso me ha abierto otras puertas, como las de la tele, donde el recurso de cantar no se explota. Pero salís a la calle y te dicen Chau, Andrea (el personaje que enamoró al de Casero: una infiel cocinera exquisita).

- ¿Y te das vuelta?
- Sí, no sé bien para qué, pero sí.

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